miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cien años de soledad


Autor: Gabriel García Márquez
Título original: Cien años de soledad
Idioma original: Español
ISBN: 978-958-45-0344-2
Casa editorial: Verticales de bolsillo


El mundo habrá acabado de joderse.... el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.
El sabio Catalán  -  "Cien años de soledad"


Este libro es amado por unos y odiados por otros, me considero dentro del primer grupo. No lo había leído hasta ahora tal vez por desinterés, falta de tiempo, hasta que hace como 2 meses lo encontré en una librería local y dijo porque no.


Cien años de soledad nos relata la historia de los Buendía, de Macondo ese pueblo ficticio que es tan real como cualquier pueblo en América Latina. Gabriel García Márquez nos atrapa con su forma de narrar la historia de esta peculiar familia, conforme se adentra en sus páginas se pierde uno entre la realidad, la ficción y/o lo mágico del relato. Las aventuras del fundador de Macondo, Jose Arcadio Buendía y la odisea para fundarlo, desde ese momento comienza la soledad que ha de acompañar las dichas y desgracias de esta buena familia.
El tiempo en esta novela es circular, la familia repite ciertos acontecimientos como si fuera un castigo de la soledad. A mi parecer es el porqué se repiten muchos los nombres, los Arcadios, los Aurelianos, las Úrsulas y Amarantas (Esa repetición hace que uno se equivoque y no sepa de quien se esta hablando), como si el tiempo les diera oportunidad una y otra vez de arreglar lo que hicieron de no vivir con la soledad que los ha acompañado desde siempre. El final del libro me ha recordó lo que dijo Úrsula cuando menciona que unos parientes de ella se casaron entre y tuvieron un hijo con cola de cerdo, lo que sucede también al final del libro y la historia vuelve a empezar.


Un libro que disfrute mucho y del cual todavia estoy extasiado.


Nota: 9.5/10


Mejores frases:


El coronel Aureliano Buendía entendió, que la vejez, no es mas que un pacto honrado con la soledad.
-Gabriel García Marquez-

Llegó a la conclusión que que aquel hijo por quien ella habría dado la vida era, simplemente, un hombre incapacitado para el amor. Una noche, cuando lo tenía en el vientre, lo oyó llorar. Fue un lamento tan definido, que Jose Arcadio Buendía despertó a su lado y se alegró con la idea de que el niño iba a ser ventrílocuo. Otras personas pronosticaron que sería adivino. Ella, en cambio, se estremeció con la certidumbre de que aquel bramido profundo era un primer indicio de la temible cola de chancho. Pero la lucidez de la decrepitud le permitió ver, y así lo repitió muchas veces, que el llanto de los niños en el vientre de la madre no es augurio de ventriloquía ni facultad adivinatoria, sino una señal inequívoca de incapacidad para el amor.
-Úrsula Buendía-


Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.
-Gabriel García Márquez-

Adjunto un árbol genealógico de los Buendía